La gente no debe batallar para ser escuchada
A lo largo de los años he comprobado que muchas personas no buscan privilegios ni soluciones extraordinarias. Lo que quieren, en primer lugar, es que alguien las escuche con respeto y comprenda el problema que están enfrentando.

Puede tratarse de una calle dañada, una luminaria que no funciona, una preocupación de seguridad, una dificultad para acceder a un servicio o una situación familiar que requiere orientación. Para una institución puede parecer un asunto más dentro de una lista; para quien lo vive, representa una preocupación cotidiana.
Por eso siempre he creído que la cercanía no puede reducirse a una fotografía, una visita o un saludo.
Estar cerca significa estar disponible.
Durante mi experiencia en distintas responsabilidades públicas, una de las tareas que más valoré fue recibir directamente a las personas. Escuchar permite comprender lo que no siempre aparece en los informes, detectar fallas y conocer cómo están funcionando realmente las instituciones.
También obliga a mantener los pies sobre la tierra.
No sería responsable prometer que todos los problemas pueden resolverse inmediatamente. Hay asuntos que dependen de presupuestos, facultades institucionales, procedimientos técnicos o decisiones de distintas autoridades.
Pero sí existen cosas que dependen directamente de cada persona que participa en el servicio público: recibir, escuchar, orientar con honestidad, canalizar correctamente y procurar que exista seguimiento.
Eso también es servir.
Cuando una persona encuentra una puerta abierta y una respuesta clara, incluso si la solución necesita tiempo, se fortalece su confianza en las instituciones. Cuando nadie responde, la frustración crece y la distancia entre la ciudadanía y la autoridad se vuelve más profunda.
La cercanía verdadera exige constancia. No puede aparecer únicamente en determinados momentos ni depender de una posición pública.
Los cargos pasan. La vocación de servir permanece.
Hoy continúo recibiendo mensajes y conversando con personas de distintas colonias y sectores de Chihuahua. Cada encuentro permite conocer una realidad diferente, pero también confirma algo: la gente tiene mucho que decir y, con frecuencia, también tiene buenas ideas para resolver lo que ocurre en su comunidad.
Escuchar no significa asumir que una sola persona puede hacerlo todo. Significa reconocer el problema, encontrar el canal adecuado y sumar a quienes tienen la responsabilidad o la capacidad para ayudar.
Chihuahua necesita instituciones accesibles y servidores públicos que entiendan que la ciudadanía no debe recorrer oficinas, insistir durante semanas o depender de influencias para ser atendida.
La atención directa debe ser una práctica cotidiana y no una excepción.
En Chihuahua nos conocemos. Sabemos quién escucha, quién responde y quién solamente aparece cuando le conviene.
Por eso la confianza no se improvisa. Se construye con presencia, congruencia y seguimiento.
Seguiré caminando, conversando y abriendo espacios de comunicación directa.
Porque resolver comienza por escuchar, unirnos requiere comprendernos y avanzar exige convertir las conversaciones en trabajo responsable.
La gente no debe batallar para ser escuchada.
César Jáuregui
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